Una verdadera descarga

Written by  on febrero 20, 2013 

Hay momentos que se te quedan grabados en la memoria y en el alma. Puedes no recordar la fecha ni los detalles (Madrid. Estadio de La Peineta. Veinte de junio de 2013. Cartel: Stone Sou, Evanescence y Metallica. Gira de presentación de “St. Anger”. 40.000 almas entregadas. Un calor mortal durante todo el día. Pero no: no recuerdo los detalles).

El caso es que por aquel entonces yo vivía en Salamanca y estaba peor que muy cabreado con el señor alcalde de la ciudad, pues Metallica había estado a punto de venir a tocar al estadio Helmántico y al final por no recuerdo qué tonterías la ciudad se quedó sin el concierto. Y, si ya era difícil con mi economía estudiantil ir a verlos allí, no te digo nada en la capital del reino.

El caso es que la que por aquellos días era mi novia, el día anterior al concierto, me dijo que me pasara a buscarla, que tenía que darme algo. Como hay dos expresiones que me cuesta pronunciar (“no” y “ya he bebido bastante”), me acerqué por donde estaba ella.

Calor por fuera y por dentro

Es difícil describir la sensación cuando me puso en las manos lo que parecían dos fotocopias de algún tipo de flyer. Recuerdo que tuve que mirarlas varias veces hasta que reaccioné. Y lo hice con un abrazo que dejaría a una anaconda como una culebrilla de río y unas lágrimas que muy bien podrían haber aumentado el cauce de dicho caudal… ¡¡Metallica!!

No recuerdo si dormí algo aquella noche. Entre los nervios y el tobillo derecho, que apenas podía apoyar debido a un esguince, sumado todo ello al calor asfixiante del verano mesetario, es posible que no durmiera demasiado.

De lo que si estoy casi seguro es de que el día D a la hora H estaba más despierto que un búho intoxicado de café a medianoche. Sólo quien recuerda cuando era niño y le decían que iba a saludar a los Reyes Magos recordará una sensación similar.

Una aventura con final feliz

Llamamos a un amigo, para que nos acogiera en su casa después del concierto. Carlos siempre ha sido un santo, de modo que dijo que sí. Del mismo modo, aunque sabíamos que el concierto en sí empezaba a las cinco de la tarde, también éramos conscientes de que hasta eso de las diez no saldrían los californianos, de modo que nos tiramos en la hierba de los alrededores del estadio a disfrutar del ambiente. Delicioso, por cierto.

Poco antes de que terminara Evanescence, y ya conscientes de que no íbamos a estar en primera fila, pasamos al estadio. Cuatro decenas de millares de cuerpos sudrosos y almas al rojo vivo de “peña peluda” exaltada y dejándose la voz. Viva. Esto promete.

Acabó la banda de Amy Lee. Descanso. Cerveza para reponer fuerzas y refrescar la garganta. Quedaba lo más intenso y la gente lo sabía. El run run se iba transformando, poco a poco, en clamor: ¡Metallica, Metallica…!

¡¡BOOOUUUMMM!!

Tras media hora (eterna), se apagan las luces. Expectación. “Ladies and gentlemen: Metallica”, o algo así. Suena el tema principal de “El bueno, el feo y el malo”. Me siento identificado con el segundo…

¡¡Explosión de luz!! Creo que mi grito fue el responsable de media docena de sorderas a mi alrededor.

“Do unto others as they have done unto you / but what in the hell is this world coming to? / Blow the universe into nothingness / nuclear warfare shall lay us to rest” ¡¡Fight fire with fire!! ¡¡Bestial!! ¡Vaya manera de arrancar!

Aunque era, en principio, la gira de presentación del “St. Anger”, James, Lars, Kirk y Roberto (que también se presentaba por entonces con la banda) tuvieron la cortesía de tocar sobre todo los clásicos de los primeros discos. Sabían para qué estábamos allí, y nos dieron el gusto.

En el cielo y tomándome unas cañas con los ángeles

The four horsemen, Ride the lightning, Fade to black, Seek and destroy… Dieciséis bombazos con el sello de los californianos. Para explicar lo que sentía en esos momentos, baste la anécdota que cuento en el siguiente, largo y último párrafo:

Ya he dicho que estaba esguinzado, ¿verdad? Pues resulta que en medio del concierto decidimos subirnos un momento a las gradas. Por nada en especial: mi chica quería verlo todo desde arriba. El caso es que, en las “tripas” del estadio mi novia me preguntó, mirándome al tobillo: “¿Cómo estás?” Mi respuesta, jadeante después haber estado dando saltos como si quisiera tocar a un más el Paraíso en el que ya estaba de pleno fue: “En el estadio de La Peineta, escuchando ‘Creeping death’ en directo ¿Cómo quieres que esté? En el cielo

¿He dicho que el anterior era el último párrafo? Mentía. Éste sí que es el último párrafo.

Category : Giras y Conciertos

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