Lars, James, Kirk, Roberto y yo

Written by  on febrero 21, 2013 

Como tengo la sensación de que vamos a tener muchas ocasiones de hablar de miembros, discos, canciones, giras o noticias, hoy simplemente voy a hablar de lo que suponen los Metallica para un fan. Y he utilizado la palabra fan  sin ningún reparo, a pesar de que (algún día diré por qué) creo que está muy devaluada.

Bueno: en realidad, más que para un fan en abstracto, voy a personalizar mi experiencia con la banda de San Francisco (vale: de Los Angeles afincada en esta otra ciudad). Quién mejor que un fan para hablar de lo que piensa o siente un fan del cuarteto que cambió el heavy metal.

A ver por dónde empiezo: En 1981, cuando Ulrich y Hetfield, junto con McGovey y Grant se unían yo era muy joven (dejémoslo ahí: muy joven) para estar al tanto de la actualidad del heavy metal y del incipiente trash metal.

Tiempos aquéllos

Incluso en 1983, cuando editaron el Ride the lightnig (enoooorme primer disco de estudio) yo aún estaba enganchado a los grande éxitos de Parchís o de Enrique y Ana. Lo cierto es que quedaba atrás el ecuador de los 80 cuando descubría a cuatro tipos que guitarras, bajo y batería en mano metían mucha bulla.

No sabría decir cuál fue el primer tema de Metallica que me gustó, pero si tengo claro el primero que me hizo decir “estos tipos son enormes”. Era 1987 y en algún lado sonó un tema que había salido un año atrás, llamado “One”.

Tacha-tachaaannn. Tacha-tachaaannn…

No puedo decir que me enamorase de la letra, puesto que por aquél entonces no sabía inglés –no puedo decir que ahora sepa mucho más-, pero me hipnotizó la célebre intro. Tanto que me pasé meses tarareándolo.

Como suelo moverme entre periodistas heavies y gente de mal vivir en general, no me fue difícil acceder a buena parte de la discografía de Metallica (¡bingo!, pirateada, a pesar de lo que hubiera dicho Lars Ulrich). Desde entonces, son parte de la banda sonora de mi vida, a la que he ido incorporando temas según he ido creciendo.

Seek and destroy

De este modo, en mis tiempos bestias, antes de salir de juerga, reunía en torno a mí a mis amigos y berreábamos aquello de “We are scanning the scene / in the city tonight / We’re looking for you / to start up a fight / There’s an evil feeling in our brains / But it’s nothing new / you know it drives us insane”. Para axaar destrozándonos las gargantas con “Running, / On our way  / Hiding, / You will pay / Dying, / One thousand deaths / Searching, / Seek and Destroy / Searching, / Seek and Destroy! (…)” Aún me pica la laringe cada vez que lo recuerdo.

Cada momento de mi vida tiene asociada una canción, y muchas de ellas son de Metallica: que si “Creeping death” o “The Four horsemen” cuando tengo el día burrito; que si “The unforgiven” o “Nothing else matters” si tengo el cuerpo más nostálgico…

Fue en la gira de presentación de “St Anger” (ya les he perdonado por esa época tonta) cuando los vi en directo en el estadio de La Peineta de Madrid. Pero ése, como otros cientos, son harina de otros costales y materia de otros artículos, que confío en que lleguen.

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